lunes, 25 de mayo de 2009

El caso de Enriqueta Marti. La vampira de Barcelona (Capitulo 2)

Por Pierrot

Durante la primera década de este siglo se produjo en Barcelona el caso más celebre de vampirismo hispánico, el de una mujer salinera (sacamantecas) llamada Enriqueta Martí Ripollés. Su especialidad era rebanar a los niños para sacarles la sangre y dársela a beber a tos tísicos ricos para que se curaran. Además también comercializaba con las grasas y el tuétano de los huesos de las criaturas. ¿Cómo fue su siniestra histórica vampiriza?

Barcelona, 10 de febrero de 1912. La niña de cinco años Teresita Guitart, hija de obreros, estaba jugando en la calle de Sant Vicens, junto a la popular sala de baile La Paloma, cerca de su madre, quien hablaba distraídamente con las vecinas. De repente “alguien” apareció, le echó un trapo a la niña y se la llevó corriendo. Teresita desapareció, la había raptado una mujer adulta, mal vestida, que se esfumó sin dejar rastro. Se trataba de Enriqueta Martí, de 4º años de edad y “vampira” sacamantecas, pero en aquel momento todavía nadie sabía la cruel realidad.

Pasaron los días y la niña Teresita no aparecía. Entonces se nombró una brigada especial de policía. Ésta investigó a más de 500 niños, confrontando las descripciones con sus retrasos, pero nada se consiguió. Nadie había visto ni sabia nada.

Pasaron diecisiete días más, hasta el 24 de febrero, súbitamente apareció la cabeza de una niña desconocida por una pequeña ventana de un viejo piso y una vecina, Claudina Elías, la vio. Se sorprendió porque ella conocía a la inquilina de la casa y sabía que era una mujer extraña que no tenía hijos y vivía con un anciano de 80 años que era su padre, aunque curiosamente al viejo había algún tiempo que nadie lo veía.

A partir de entonces la vecina prestó mucha atención y durante la noche y el día siguiente, oyó llorar a la niña, Hasta tres días mas tarde, el martes 27, no logró toparse con Enriqueta Martí, entonces le preguntó directamente por la niña, pero ella negó con rotundidad su existencia. Crecieron las sospechas y Claudina Elías se lo contó a un amigo suyo guardia municipal llamado Josep Asens. Mientras tanto en el vecindario nadie conocía verdaderamente a la mujer.



Enriqueta Martí era una mujer de vida extraña, con muy pocas amistades o quizás ninguna. Durante el día salía a la calle muy mal vestida, con ropa sucia y rota, como una autentica harapienta y al parecer vivía de las limosnas e iba a buscar comida a la casa de la Caridad. Sin embargo durante la noche se transformaba completamente; la recogía un lujoso carruaje berlina con conductor; salía a la calle totalmente transformada, vestida con ropas lujosas y perfumadas con los aromas más selectos. ¿A dónde iba? ¿Con quien se encontraba? ¿Quién financiaba esos lujos? ¿Mendiga de día cortesana de noche?

Mientras el vecindario se preguntaba quién sería esa mujer, el guardia Asens se las ingenió para entrar en el piso de Enriqueta Martí. Se presentó con la excusa de llevar a cabo una inspección municipal de sanidad. Llamó a la puerta y consiguió entrar. Enriqueta Martí le mostró todas las estancias menos una: una habitación cerrada a cal y canto. Finalmente el guardia consiguió entrar y atónito descubrió a la pequeña víctima. Era Teresita Guitart, que estaba aterrorizada. Sin embargo en una habitación había otra niña, más tranquila y desconocida, que Enriqueta dijo que era su hija y se llamaba Angelina, pero, ¿Lo era verdaderamente?

Enriqueta Martí fue detenida. Registraron la casa pero no había nadie más. ¿Dónde estaba el anciano que vivía con ella?

La niña Teresita se encontraba en un estado lamentable. La mujer argumentó que era también su hija, por su parte la criatura, que se sentía absolutamente influenciada y atemorizada por Enriqueta Martí, primero así lo afirmó y dijo llamarse Felicitat, luego acabó confesando: “¡No es verdad! ¡Me llamo Teresita!, ¡Quiero ir con mi madre!

Llevaron a la niña al cuartelillo de la calle Sepúlveda y la examinaron en el anexo Dispensario Municipal. Declaró que la mujer sólo le daba de comer patatas guisadas y le pegaba mucho, la pellizcaba, y la dejaba a oscuras, encerrada en la habitación en compañía de la otra niña, con la que jugaba. Enriqueta vigilaba siempre que Teresita no se aproximara a las ventanas ni al balcón, que estaban cerrados. Pero un día, por descuido, lo olvidó cerrar con llave la habitación y la niña consiguió salir y pedir auxilio. El restota lo conocemos.



La niña Teresita, foto tomada en 1912

Con el conocimiento de los hechos el pueblo estaba indignado contra la “vampira”. La guardia municipal, armada, al mando de su comandante Cruz Mendiola, tuvo que intervenir con dureza contra la población sulfurada para evitar que la muchedumbre, concentrada en torno al cuartelillo, linchase a la mujer “vampira”. Ésta fue rápidamente trasladada a los calabozos del juzgado barcelonés.

En las indagaciones efectuadas en el piso se descubrió el auténtico y morboso horror. Al abrir un armario se encontró ropa de niño con manchas de sangre, en otra estancia ropa de cama ensangrentada y finalmente el cuchillo degollador, totalmente ensangrentado.

En otro orden de cosas, se encontraron en el piso fantásticos trajes de mujer absolutamente lujosos, alhajas valiosas y muebles de sofisticado estilo decorativo, todo ello mezclado con piezas y elementos propios de un inframundo miserable. Además también encontraron escrituras de pisos y fincas de su propiedad repartidos por diversos lugares de Barcelona. Aparecieron también documentos verdaderamente enigmáticos con mensajes cifrados, era correspondencia secreta sobre unos hechos extraños y desconocidos. Las contraseñas eran herméticas y los documentos estaban marcados por iniciales desconocidas. Sin embargo, Enriqueta Martí pasaba por analfabeta. ¿Quién escribía estos mensajes? ¿Qué escondía la vida secreta de la “vampira” Enriqueta Martí?

Entonces se supo que había estado viviendo en 1908 en la calle Tallers, con otra mujer. Allí recibía a gente sospechosa y desapareció del lugar. Más tarde apareció en el otro extremo de la ciudad, en la calle Minerva, donde continuó tratando con la misma gente.

Se descubrió también que Enriqueta ya había sido procesada varias veces por corrupción de menores y robo de joyas (había sido absuelta). La mujer, no obstante, vivía de la caridad y se demostró que era una profesional de la mendicidad, aunque poseía varias fincas de gran valor en la localidad de San Feliu de Llobregat. ¿Como las consiguió? ¿Por qué tenía una doble vida?

La existencia de esta doble vida intrigó tanto a la justicia, que localizó a la modista que había confeccionado los lujosos trajes de Enriqueta durante el mes de agosto de 1911. La sastra reconoció que eran las telas más lujosas que había visto nunca, sin embargo según la propia Enriqueta Martí le había confesado a ella: “Estas telas, aún no son lo bastante lujosas para lucirlas en los salones a los que yo voy”. ¿De dónde habían salido los trajes? ¿En qué mansiones y ambiente los lucía Enriqueta? ¿Estaba relacionada con la alta sociedad barcelonesa?

Durante el registro del viejo piso de la calle Ponent se encontraron documentos sorprendentes; partidas de bautismo y certificados de defunción listos para ser utilizados. Este hecho demostraba que Enriqueta Martí trabajaba con varios cómplices. Otras pruebas encontradas indicaban que la mujer tenía amigos muy poderosos en la ciudad, miembros de la nobleza y la alta sociedad catalana, cosa que hizo que este caso criminal desagradable se convirtiera además en muy peligroso parea los que lo manejaban. Había de silenciar el asunto. ¿Cómo lo harían?

La respuesta se produjo el 8 de Marzo hacia las dos de la madrugada, cuando ante la presencia constante de la policía, “alguien” interesado por los asuntos secretos de Enriqueta Martí entró en el piso sellado por el juzgado y robó unos objetos voluminosos muy determinados, los cuales podían constituir pruebas fehacientes. ¿Cuáles? Los ladrones se llevaron la colección entera de los vestidos lujosos de Enriqueta Martí, y sorprendentemente también robaron un enorme colchón que aparentemente no constituía ninguna prueba. A nadie se la había ocurrido antes examinarlo a fondo, y en su interior se hallaba oculto un listado con nombres de clientes, lugares, fechas y tarifas de precios de los trabajos efectuados por la “vampira” Enriqueta Martí con las transacciones de material humano.

En ese momento la indignación del juzgado fue inmensa y motivó que se efectuará una nueva y profunda inspección del piso. Entonces tuvo lugar un importante y escabroso descubrimiento. Excavando en un disimulado hueco de la pared se encontró un saco de lona perfectamente escondido. Estaba repleto de trapos ensangrentados y contenía una treintena de huesos humanos correspondientes a niños entre siete y ocho años.

En esos días se produjo la misteriosa muerte de Enriqueta Martí en la cárcel de mujeres de la calle Amelia, (hoy desaparecida). Tras su defunción se descubrieron nuevos restos de huesos infantiles en los pisos y casas de su propiedad. Se practicó un detenido reconocimiento en el pozo del patio de la Casa Blava (casa azul), propiedad de Pablo Martí, padre de Enriqueta. Allí habían sido enterrados algunos niños.

En un escondrijo del piso de la calle Tallers donde Enriqueta vivió junto a la joven Amelia Boya, a quién explotaba sexualmente, se encontró un autentico osario humano. La propia Amelia fue localizada por la policía y confesó que en esa casa había visto cometer verdaderos infanticidios. Un segundo hallazgo descubrió dos cabelleras rubias, supuestamente pertenecientes a dos tiernas niñas desaparecidas.

Mas tarde en el antiguo piso de Enriqueta en la calle Jocs Florals numero 155, se produjo un tercer hallazgo, el más macabro de todos. Tras hacer un boquete en la pared de una tapia del patio, colindante con un convento, apareció el espeluznante cráneo de un niño de unos tres años de edad, todavía con algunos cabellos adheridos a su piel, también un fémur y hasta uno de los zapatitos del niño. Además: tres mitades de cráneos, mas restos óseos y algunos trozos de ropa de sus trajes. En total correspondían a cuatro niños de tres, seis y ocho años de edad, y uno sin edad determinada.

El caso de Enriqueta Martí activó el interés de las autoridades por conocer la existencia secreta de este tipo de vampirismo en la sociedad moderna, y tras exhaustivas indagaciones, empezaron a descubrirse, por aquel tiempo, cuerpos infantiles y huesos de niños enterrados en varios lugares de la ciudad. En la calle Picalqués se efectuaron excavaciones en las que se encontró un buen número de restos de niños martirizados y sacrificados. Supuestamente eran victimas e Enriqueta Martí o quizás de otros vampiros sacamantecas desconocidos, que actuaban secretamente por la zona urbana y limítrofe de Barcelona.

Los niños asesinados para sacarles su sangre y las grasas pudieron ser decenas o quizás centenares, nunca se supo realmente cuántas fueron las victimas, aunque ciertamente las hubo, porque en esta época se produjo el mayor numero de desapariciones de criaturas de toda la Historia moderna. La existencia de este tipo de vampirismo sacamantecas, sanginers, mantequeros, se produjo hasta bien entrado en el siglo XX, aunque la auténtica verdad de lo ocurrido se esfumó entre el espeso humo del tenebroso mundo criminal de las tinieblas, que aún hoy permanece en el recuerdo de los más viejos del lugar y todavía forma parte de los misterios de Barcelona.

JUICIO TENEBROSO

El juicio se celebró en el Palacio de Justicia de Barcelona sin la presencia de la acusada porque Enriqueta Martí ya había muerto. Según informa Jordi Ardanuy en su obra Vampiros, por el modernista edificio del Palacio de Justicia pasaron a declarar personajes singulares no acostumbrados a encontrarse en estas situaciones. Por una parte testificaron varios miembros de la burguesía y por otra diversos elementos de la clase social mas baja de la ciudad, muy especialmente los traperos, que eran la clientela habitual que compraba los despojos humanos y ropajes ensangrentados y que seguramente se encargaba de reciclarlos o eliminarlos.

También desfilaron por el juicio algunos representantes del mundo de la cultura, y entre los personajes implicados en el caso destaca el prestigioso antropólogo y folclorista catalán Joan Amades, entonces joven y todavía no muy conocido. Fue acusado de haber comprado parte del osario de Enriqueta Martí, a lo que el folclorista aclaró que solamente le compró unos hatos de pan al precio de entre 15 y 20 céntimos.

¿Conocía Anades las actividades ocultas de Enriqueta Martí?

Los macabros hechos aquí explicados y juzgados nunca pudieron ser definitivamente demostrados legalmente, porque las pruebas desaparecieron, los peritos se desdijeron y los influyentes clientes “padrinos” de la “vampira” se encargaron de que nunca aparecieran los nombres de los verdaderos responsables. Se dijo que el principal cliente de la “vampira”, a quién ella suministraba sangre humana para sanar a la nobleza, era un señor barón que vivía en un palacete de la parte alta de la ciudad, donde hoy precisamente se encuentra Torrebaró, pero nunca hubo pruebas fehacientes de los responsables…ni los habrá.


MUERTE MISTERIOSA DE LA VAMPIRA

La paranoica mente criminal de Enriqueta Martí era capaz de dominar su organismo y actuar contra ella misma mediante continuos actos auto punitivo. Tanto en el momento de su detención como durante los interrogatorios y posteriormente en la cárcel, Enriqueta se provocaba súbitos desmayos mezclados con vómitos de sangre los cuales producían auténticos colapsos de muerte aparente.

Apenas cuarenta y ocho horas después de su ingresó en la cárcel, Enriqueta se abrió las venas con una cuchara de madera en forma de punta. Dos semanas después, la noche del 16 al 17 de Marzo de 1912, intentó estrangularse con sus propios cabellos.

También otros atentaron contra su salud, ya que algo estuvo afectando a su organismo, que se deterioró por momentos. Alguien se propuso eliminarla y a pesar de ser sometida a reiterados exámenes médicos, lo consiguió, evitando que pudiera hablar. Se esperaba que Enriqueta Martí, una vez todo perdido, revelase los nombres de su numerosa y distinguida clientela, pero no pudo ser. ¿Cómo y por qué murió? Nunca se supo realmente.


ENTREVISTA POR SEBASTIAN D´ARBÒ A TERESITA GUITART LA ÚLTIMA VICTIMA DE ENRIQUETA MARTÍ.

Teresita Guitart, última victima de la “vampira” Enriqueta Martí y única superviviente de aquella macabra historia, todavía vive. Reside en Barcelona, junto a su marido, Joan Rosell, hoy ambos tienen más de 90 años. Teresineta, tal como la llamaban, se ha convertido en Doña Teresa.

¿Todavía se acuerda de lo que le pasó?

  • Bastante, porque fue una vivencia que me impresionó mucho.

¿Cómo la raptaron?

- Yo era muy pequeña, tenía solo cinco años. Eran hacia las

8,30 h. de la tarde y hacía frío. Salía de una fiesta que hizo

en su casa una compañera de colegio. Iba acompañada

de mi madre, Aba. Volvíamos a casa andando por la calle

de Sant Vicens, cuando una señora amiga de mi madre

nos paró y se pusieron a hablar. La calle ya estaba a

oscuras, iluminada solamente con farolas de luz de

aceite. Mientras mi madre hablaba yo de distraía mirando

el escaparate iluminado de una tienda de productos de

limpieza. De golpe me echaron encima una manta de lana

empapada con cloroformo y ya no me acuerdo de nada

mas, hasta que después desperté en casa de una mujer

muy fea, era Enriqueta Martí.

¿Qué le hizo esta mujer?

  • Me quitó el vestido, toda la ropa, menos los zapatos. Me cortó los cabellos al rape y luego me cambio de nombre. Me dijo que si alguien me preguntaba algo, yo tenía que decir que mi nombre era Felicitat y era hija suya. Me encerró en una habitación a oscuras y no me daba casi nada de comer. Como yo gritaba diciendo que quería irme con mi madre, ella me martirizaba pellizcándome continuamente, retorciéndome la carne. Me torturaba tanto, que al verla entrar en el cuarto yo prefería no gritar, porque sabia que me haría mas daño.

¿Cómo continuo escapar?

  • Fue casualidad. Un día la mujer se marchó olvidando

cerrar la puerta con llave y entonces Angelina y yo, empujando la puerta conseguimos abrirla. Salimos corriendo las dos hacia el comedor, luego fui hacia la cocina en donde había una ventana y subiéndome a una silla saqué la cabeza por la ventana. Por casualidad en el otro lado del patio había una mujer, una vecina que se quedó mirando y me vio, pero entonces llegó la secuestradora y rápidamente, de un golpe, me sacó de la ventana y la cerró. Fue un descuido de ella que le costó caro.

¿Qué pasó entonces?

  • A esa misma mujer la secuestradora se lo negó todo.

Luego la vecina habló del asunto con otra vecina del piso

de abajo llamada Claudina, que sabia que había niños en

el piso porque escuchaba nuestros pasos y saltos, y

también se extrañó. Las dos vecinas hablaron con la

señora Antonieta, de la matalasería (colchonería) y

entonces se lo dijeron a un municipal llamado Josep

Masens.

¿Cómo era Enriqueta Martí?

  • Era fea y muy extraña. Cada día salía a la calle vestida

muy pobremente, como una gitana. Por la mañana iba a

cada día a misa, después pasaba por el cuartel de la calle

Bonsuces a recoger las sobras del rancho que nos daba

después a nosotras. Por la noche, sin embargo, cambiaba

totalmente. Se vestía como una gran señora, venia un

coche a buscarla y marchaba toda la noche. No sabemos

adónde iba, aunque nos lo imaginamos por lo que se

descubrió después. Creo que me salvé por los pelos.

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